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Búzios, un lugar increíble

andrescl
01/04/2008
En marzo estuvimos con mi novia,
Magui, en Buzios, Brasil. Arribamos cerca de las 10 de la
noche, luego de un vuelo de Buenos Aires a Río de Janeiro y
un viaje en ómnibus muy largo para los 200 km que separan a
esta ciudad de Río. El hecho de llegar de noche, no nos dejó
una buena impresión. Tanto la entrada de Buzios como las
primeras playas que recorrimos hasta llegar a nuestra
posada, eran bastante oscuras y alejadas, con poco o nulo
alumbrado publico, dándonos una cierta sensación de
inseguridad. Luego nos enteramos que el 70% de las posadas
y el movimiento del lugar, están en Joao Fernandes.
Allí estaba ubicada nuestra
posada: “Villa Mercedes”. Esta posada es 100% recomendable.
Se encuentra en un lugar privilegiado arriba de un morro,
con una hermosa vista del lugar, el mar y loa ciudad. La
gente que la atiende es muy agradable y servicial, y tanto
las habitaciones como los servicios fueron diez puntos. Esto
es muy importante tener en cuenta a la hora de elegir el
alojamiento, ya que nos encontramos con algunos argentinos
que se quejaban de las malas condiciones en las que se
encontraban sus posadas. Quizás vale la pena pagar unos
reales más privilegiando la ubicación y la comodidad
brindada. A la mañana siguiente, dado que
amanece muy temprano nos despertamos a las 7 de la mañana.
Lo ideal es madrugar, ya que el sol cae alrededor de las 6
de la tarde, y de otra manera el día se hace corto.
El día era espectacular.
Partimos hacia la playa más cercana, Joao Fernandes. El mar
en Buzios es increíble, distinto en cada una de las playas.
En Joao Fernandes, el agua es verdosa y cálida y el mar es
calmo. La playa es un poco chica, y en seguida se llena de
gente. Recomendación: visitar esta playa bien temprano por
la mañana. Cerca del mediodía hay demasiada gente y
prácticamente no hay lugar para estar. Luego de
almorzar, decidimos ir a caminar y recorrer las playas del
centro de la ciudad, Azeda, Ossos y Armacao. Estas playas
son lindas, pero no para bañarse, ya que se encuentran
repletas de barquitos de pescadores, que generan una postal
hermosa, pero a la hora de nadar incomodan. Todo el camino
de la costanera hasta el centro es espectacular, lleno de
restaurantes y barcitos. Es bueno hacer el recorrido hacia
el centro de dia y caminando para empezar a conocer las
múltiples callecitas y recovecos de Buzios, ya que de noche
y con tantos morros uno pierde un poco el sentido de la
ubicación.
El centro de Buzios lo componen dos calles paralelas, Rua
Das Pedras, que es la más cara, y Rua Turibe de Farias. La
primera, es una calle típicamente turística, preparada para
extranjeros, con restaurantes de primer nivel, y negocios
muy caros. En la calle paralela, hay opciones más baratas,
pero no por eso de menor calidad. Recomendamos comer en
Mineiro, Lorenzo y Restaurante de David: por 70 reales, se
pueden comer exquisitos pescados para dos personas. El
segundo día, lunes, fue espectacular, empezando por el clima
que nos estaba acompañando: mucho sol y calor. Ese día
hicimos la imperdible excursión a Arraial do Cabo cuyo costo
es de 75 reales por persona. A las 9:30 de la mañana nos
pasaron a buscar por la posada y, luego de parar en algunas
posadas más, el ómnibus se dirigió hacia la ciudad de Cabo
Frío, a unos 30 km de Buzios. Pasando esta ciudad se
encuentra Arraial Do Cabo, que es un pueblito cuyos
alrededores cuentan con unas playas increíbles. Una vez en
el puerto, nos subimos a un barco, que nos llevó a dos
playas. En la primera playa el barco ancló a unos 50 metros
de la costa, dándonos la opción de llegar a la costa en
bote, o pudiéndonos tirar del barco y nadar hasta la playa.
Realmente no tenía nada que envidiarle al mar del Caribe. El
agua es tan transparente que uno puede verse hasta los dedos
del pie; la arena blanca y fina, como talco. Ese lugar es
un paraíso. La segunda playa es una reserva ecológica, por
lo que tuvimos que ir hasta la costa en botes. Allí hay un
arrecife en el cual hicimos snorkel (los alquilaban en el
barco por 10 reales) y vimos mucha cantidad de peces, aunque
nos quedamos con ganas de ver alguna “tartaruga”.
Antes de retornar a Buzios hicimos un paso por un restaurant
de comida por kilo. Estos restaurantes son muy comunes allá,
pero la verdad es que no valen la pena. La comida no es nada
buena. Por ultimo, pasamos por la tan promocionada y
esperada Rua das Bikinis, que resultó ser un lugar
totalmente olvidable. Al otro día, y aprovechando la opción
que nos daba la posada de llevarnos diariamente a alguna de
las playas de Buzios, fuimos a Ferradura. Otra opción
excelente que hay es tomarse unas camionetas que pasan todo
el tiempo una tras otra por Buzios, y que por 2 reales te
llevan hasta donde quieras. Este no es un detalle menor,
considerando que salvo Joao Fernandes, el resto de las
playas lindas de Buzios están lo suficientemente alejadas
como para no poder llegar caminando. Siguiendo con la playa
de Ferradura, esta es una pequeña bahía, el mar es
tranquilo, porque se encuentra resguardada del mar abierto y
el agua es de las más oscuras, aunque siempre bastante
caliente. La playa es bastante extensa, en forma de
herradura. En este lugar hay dos o tres barcitos sobre la
playa, en los cuales te ofrecen mesa, sillas y sombrillas
durante todo el día a cambio de que consumas allí. Aquí
hicimos kayak, barato y muy divertido (10 reales por
media hora). La próxima playa que conocimos fue Tartaruga.
Esta es una playa muy linda, no muy grande, con un mar muy
calmo, casi como una pileta y agua muy caliente, la más
caliente de todo Buzios. Es bueno optar por esta playa en un
día nublado, ya que el agua tan excesivamente caliente no
alcanza para refrescar. El viernes, decidimos ir a la playa
más alejada de todas, Geribá. Es la playa más distinta a
todas las otras que veníamos conociendo: es amplia, con
mucho viento, el mar muy azul, muchas olas y agua fría. Se
encuentra repleto de surfers. Esta es sin duda la playa que
más nos gustó. El último día nos despertamos bien temprano
para aprovechar el día, hicimos el check out y nos fuimos a
la playa. Como el transfer nos pasaba a buscar a las 4 de la
tarde podíamos disfrutar de toda la mañana en la playa.
Fuimos a Joao Fernandes con otras personas que se alojaban
en la posada, que nos recomendaron que alquilásemos unos
snorkel y patas de rana, puesto que cerca de la playa había
un arrecife lleno de peces. Esta experiencia fue sin dudas
impresionante: los peces comían de nuestras manos y nos
seguían de a decenas. Por suerte habíamos comprado una
cámara acuática descartable, así que pudimos inmortalizar
ese momento. Fue el broche de oro para un viaje inolvidable.
Buzios es sin dudas un lugar para conocer. La belleza de la
naturaleza, el mar, la vegetación y los animales exóticos,
lo pintoresco de la arquitectura, las postales de los
barquitos típicos al atardecer, hacen de Buzios un lugar
extremadamente romántico.
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