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Todos los viajes tienen un
núcleo alrededor del cual acaban articulándose, nuestro
viaje a Turquía acabo siendo el viaje al corazón de
Turquía; la capadocia; en busca del corazón de ámbar que
acabó estando en Estambul verdadera capital del país.
Primer día: sábado 15 de marzo
Salir de mi ciudad para viajar al exterior no es
fácil, Algeciras se tuerce cuando intentas salir de ella;
horas de coche, de esperas en aeropuertos, de trasbordos y
más trasbordos, de controles, de comidas malas y caras, de
prisas por llegar a tiempo; es algo que por suerte tu
cabeza olvida pronto, si no, no viajaría más alla del
campo de Gibraltar. Al llegar al aeropuerto de Ataturk en
Estambul sobre las 17:00 nos esperaba Ahmet( llámame Ángel
dijo)que rápidamente se presento como alguien que estaba
un 25% loco, y hasta la llegada al hotel Asur nos
estuvo explicando detalles de Estambul bastante
interesantes, aunque quizás se extendió demasiado en
el tema de los robos:-tened mucho cuidado con ellos-
decía, todo además aderezado con su humor que él no paraba
de decir que eran películas turcas( en una de ellas; tras
ponernos detrás de un coche de la policía; empezó a
fantasear con el conductor que si le dábamos por detrás
ellos saldrían corriendo por no pagar la multa y la
policía, pensando que era por algo más gordo, acabaría
disparándonos a nosotros dos, pobres españolitos, y que
cuando encontraran nuestros pasaportes dirían: ¡
nooo! Y se echarían las manos a la cabeza…y se reía al
contárnoslo, al ver nuestra cara de póker volvía a
repetir:
- Película turca, recuerda 25% loco… en fin. Esa noche
(alrededor de las 7) tras guardar nuestras pertenencias
más valiosas en la caja de seguridad del hotel (con el
número 13) nos fuimos a dar una vuelta por Estambul. A
pesar de haber recorrido sus calles infinidad de veces en
el google earth me di cuenta de que Estambul tiene más
cuestas de las que parecía (no es fácil andar por ella y
además acabas perdido muy rápidamente). Llegar al
barrio de Sultanahmet dónde se encuentra Aya Sofía y
la Mezquita Azul por la noche es algo que te deja sin
palabras; separadas por una fuente parecen rivalizar en
belleza, de hecho Lola y yo nunca no llegamos a poner de
acuerdo en cuál era más bonita: La mezquita azul es
esbelta y frágil mientras que Aya Sofía está
perfectamente plantada pese a sus años sabiéndose
una de las nuevas 7 maravillas del mundo sin serlo, cosas
de internet.
Así con nuestra pequeña discusión nos dirigimos a la zona
del puente Gálata para cenar algo de pescado y tuvimos
nuestra primera experiencia con los restaurantes: todos y
digo todos tienen una persona en la calle que intenta
venderte su restaurante a pesar de haberte visto rechazar
los restaurantes cercanos( menos de un metro), que no
cenabas tan pronto, que estabas paseando, que ya habías
cenado, que te dejaran en paz…seguían uno tras otro
diciéndote lo mismo en un español de risa con frases como;
¡malagueño ven¡, bueno, bonito, barato, incluso más que
Carrefour…al principio te hace gracia pero acabas un poco
harto pensando que Carrefour es en lo que menos
quieres pensar en Estambul.
Como venganza acabamos comiendo un bocadillo de sardina
asada recién pescada en el cuerno de Oro en uno de los
muchos barquitos que junto al puente Gálata lo ofrecen,
con el pan delicioso, eso sí que era bueno, bonito y
barato y…que se chinche el Carrefour. Andando
cruzamos el puente Gálata llegando hasta la Torre Gálata;
nuevamente me falla mi memoria y mas cuestas de vértigo
empiezo a entender eso de que al igual que Roma, Estambul
se levantó entre 7 colinas (ya llevo 2 pensé). La torre
Gálata impresiona por su robustez, con buena iluminación y
luna llena. Nos tomamos una cerveza en la venta El Toro,
al pie de la Torre Gálata, un encantador bar de copas de
una de las muchas españolas enamoradas de Estambul que nos
encontramos en el viaje (en ese momento tras haber
visto numerosos grupos de españolas que viajaban solas a
Estambul me permito una pequeña maldad: Qué daño hizo la
Pasión turca a las españolas de mediana edad). Seguimos
subiendo la colina y llegamos hasta la Istikali Calesi;
una larguísima avenida comercial donde se encuentran
tiendas de marca, restaurantes, bares de copas y todo lo
que se te ocurra, recorrida por un antiguo tranvía rojo es
uno de los lugares que no debes dejar de ver, discotecas
en plantas altas de los edificios es además la mejor zona
de marcha de Estambul.
Por allí un poco perdidos acabamos tomando cervezas en un
bar con sillas en la calle y música en directo. El primer
día en Estambul llegaba a su fin, por delante 7 días más
para conocer la ciudad y viajar a la Capadocia…esa
sensación de viajero anónimo que deja su vida atrás
empezaba a embargarme, me encanta viajar y Estambul
prometía…
Segundo día: domingo 16 de marzo
Amanece temprano en Estambul, miramos por la ventana del
hotel y vemos que tiene unas hermosas vistas a …un patio
interior; cosas de viajar barato pienso…Ese día tenemos
concertada una visita por el Estambul Histórico. Tras
recogernos tarde llegamos al Palacio Topkapi muy temprano;
nuestro guía con sombrero nos hace una breve introducción
en un mal español y nos deja hasta las 12:30 para
recorrerlo por nuestra cuenta. Impresionante el tesoro en
el que se encuentran grandes maravillas como el tercer
diamante más grande del mundo o la daga Topkapi entre
otras.
Muy interesante es además conocer el Harem; escuchando a
otros guías( recordad que el nuestro se había ido al bar)
nos enteramos que la vida del Harem no tenía nada que ver
con lo que nos imaginábamos, nada de orgías en las que el
sultán saltaba de una concubina a otra comiendo y bebiendo
sin control…El harem era más bien un lugar para asegurar
la descendencia del Sultanato y en el que cada esposa
rivalizaba con las demás para conseguir que su hijo
acabara siendo el nuevo Sultán, llegando a veces a
asesinarlo para no perder tiempo…por eso hay una torre en
el centro del palacio destinada a encerrar a aquellas que
lo hicieran, no las mataban, seguían teniendo todo lo que
quisieran pero no podían salir de la torre; al final
acaban tirándose por la ventana…se la conoce como la torre
del suicidio.
La madre del sultán con su hijo vivía en una zona del
Harem con muchas habitaciones para que durmiendo cada
noche en una distinta para evitar que la asesinaran las
otras concubinas. Fascinado por la nueva imagen de lucha
de poder que tengo del Harem visito el resto del palacio
que ya no llama tanto mi atención: cocina para más de mil
comensales, bibliotecas, museos, estupendas vistas del
Bósforo, La puerta de la Felicidad…seguimos pensando en el
Harem…en que bien se hubiera desenvuelto cierta persona en
allí. Llegamos a Aya Sofía a escasos metros, otra visita
rápida de nuestro guía nos deja en una de las iglesias,
mezquita, museo más impactante que se pueda ver. Aya Sofía
es magnífica por fuera pero por dentro te deja sin
palabras: sus hermosos jarrones diseminados por las
esquinas, la luz entrando por las ventanas, su tono marrón
oscuro, sus mosaicos, el nombre de Mahoma escrito de 5
maneras distintas…todo hace un conjunto que como mencioné
anteriormente es digno de ser una de las nuevas maravillas
del mundo por encima sin duda del Cristo redentor de
Brasil.
Tras comer recorremos el antiguo hipódromo romano de
Constantino que con sus obeliscos egipcios, romanos y
griegos es bastante interesante pero nuestro guía tiene
sombrero y… prisa y ni siquiera llega a la fuente regalada
por los alemanes que se encuentra al final y que vemos más
tarde por nuestra cuenta. Nos encaminamos a la
mezquita azul pero como no abre hasta las 16:00 decidimos
correr hasta la cisterna (palacio subterráneo como lo
llaman ellos) y visitarla; La antigua cisterna es muy
bonita; ahora entiendo lo de palacio subterráneo, a pesar
de reciclar columnas de otros lugares para construirla, la
iluminación en tonos rojizos, la música, el gorgoteo de
agua y la oscuridad se unen para hacer un lugar increíble,
de lo mejor de Estambul.
Al final se encuentran las cabezas de Medusa bocabajo como
símbolo de que enterraban el paganismo bajo Aya Sofía. Al
salir nos espera La mezquita Azul, descalzos y Lola con un
pañuelo en la cabeza la visitamos por la entrada de
turistas (que en el fondo es lo que somos). Con sus
azulejos azules de Iznic, sus cúpulas, sus lámparas
colgando del techo por largos cables a escasos metros del
suelo Lola y yo empezamos de nuevo el debate de quien es
más bonita si esta o Aya Sofía; a mí me fascina Sofía
sobre todo por su interior pero Lola prefiere la Mezquita
sobre todo por su planta exterior, parece que nunca nos
vamos a poner de acuerdo.
Tras dejarnos en el hotel nos encaminamos de nuevo a la
Torre Gálata ahora para subir a ella y ver las vistas de
Estambul a la puesta de Sol; en pocas palabras:
impresionante; mezquitas iluminadas recortándose en un
cielo rojizo, el cuerno de Oro, el Bósforo que separa
Europa de Asia, el puente colgante que lo atraviesa, su
ajetreada vida ya nocturna. Estando más tiempo del que
tenemos nos coge la noche pensando si cenar en el
restaurante que hay en ella; pero entre lo temprano, que
hay que hacer reserva y el precio acabamos disfrutando
solo de las vistas y encaminándonos nuevamente hasta
Istikali Cadesi para acabar en el estadio del Besiktas
viviendo el final de un partido donde la afición es una
curiosidad turca más; con sus gritos, canticos, bailes nos
deja atontados pensando que a pesar del menor presupuesto
de sus equipos, la liga turca es más fanática si cabe que
la nuestra. Tras cenar y tomarnos algunas cervezas más por
la zona volvemos al hotel minados ya por la magia de
Estambul.
Esta ciudad tiene algo que engancha y ya nos estaba
empezando a contagiar…
Tercer día: lunes 17 de marzo
Hoy toca crucero por el Bósforo, tras rechazar la
excursión de la agencia y el barco regular que sale del
puerto de eminonu por tardar casi seis horas en recorrerlo
nos enganchamos en un pequeño grupo de españoles que se
está formando con un pequeño barco privado...empezamos a
conocer el regateo; 3 más y pagamos 10 liras por cabeza en
lugar de 20…no…bueno 5 más y 15 liras por cabeza…está
bien…divertido y práctico. El paseo por el Bósforo es muy
bonito pero hay que abrigarse bien si no te quieres
congelar y en nuestro pequeño bote no había interior donde
meterse.
En sus orillas vemos el Palacio dolmabache de estilo
rococó, mezquitas a pie de agua, típicas casa de madera,
barriadas de casitas desparramadas por la colina, más
palacios, las impresionantes murallas del Castillo Rumeli
e incluso pasamos cerca de Kiz Kulesi o torre de la
Doncella en la que según la leyenda encerraron a una niña
porque un oráculo le había vaticinado que moriría joven,
su padre la encerró en la torre para evitarlo pero en una
de las cestas que le llevaban comida iba escondida una
serpiente que acabó con ella. La historia que me recuerda
a la de la bella durmiente pero sin final feliz me
conmueve. Lola y yo llegamos tiritando de vuelta al
puerto de Eminonu. Tras tomar un té para
recuperar la temperatura entramos en el bazar egipcio. Una
miríada de olores a especia te transporta a otra época.
Tras comprar algo de azafrán iraní, paprika y demás cosas
que se venden en él almorzamos en un pequeño
restaurante de comida rápida que estaba entre el bazar
egipcio y la mezquita de Suleyman el Magnífico. No deben
tener muchos turistas porque nos invitan a una ensalada,
té y nos cobran unas escasas 12 liras. Tratados como
sultanes en ese pequeño bar de gente amable llegamos a la
mezquita de Suleyman el magnífico. No hay muchos lugares
verdes en Estambul y el jardín que rodea a la
mezquita invita al descanso y la paz. Visitamos la Tumba
de Suleyman el magnífico y por desgracia la mezquita está
en obras y sólo se puede ver un lado (me consuelo pensando
que mejor esta que la mezquita azul pero no vale de
mucho).
El servicio de la mezquita sin duda es uno de los lugares
más kitsch que haya visto: con sus flores de plástico,
techo de uralita, wc turco y un cuadro de una cascada del
que salía un trino de pájaros, parece salido de una
película de Almodóvar. Lola y yo salimos de la mezquita de
Suleyman el Magnifico riendo y completamente conquistados
ya por la ciudad. Paseamos por la zona de la Universidad y
llegamos al Gran Bazar. El Gran Bazar es un laberinto de
pequeños negocios compitiendo unos con otros por llamar tu
atención donde el regateo es una necesidad ya que en la
mayoría de los puestos los precios que te dicen son hasta
4 veces más caros por lo que o regateas o pagaras mucho
más de lo que vale. No es que vayas a conseguir un precio
más barato sino que tienes que conseguir su precio real.
Es bastante divertido y además algunos de los vendedores
son unos actores increíbles y gesticulan como en una
película muda turca. Somos muchos los turistas españoles y
nos siguen soltando frases como: alicantinos, borrachos y
finos, veneno para la suegra, que pasa neng y demás frases
que cualquiera sabe de donde las sacan pero que te las
sueltan tal como te oyen hablar español.
Perdido en uno de los puestos encontramos una pequeña
joyería en la que Lola ve un colgante de ámbar con forma
de corazón rodeado de plata pero por el que en ese momento
no conseguimos un precio que nos interese, tras darnos una
tarjeta con el último precio nos vamos con la idea de que
nos quedan aun muchos días y que en Capadocia veremos algo
más bonito…En ese momento Estambul nos acaba de conquistar
completamente el corazón, nos encanta la ciudad y a lo
largo de los siguientes días el corazón de ámbar se va
convirtiendo en un símbolo de nuestro viaje a la antigua
Constantinopla. Evidentemente no encontraríamos algo que
nos llamara la atención y nos empezó a entrar el miedo por
si al volver el último día al Bazar estaría ahí o se lo
habría llevado otro enamorado de la ciudad…
Tras salir del Bazar me apetecía probar un baño turco pero
Lola estaba un poco reacia, no eran mixtos y nos teníamos
que separar un buen rato. Mientras caminamos hacia el
Cemberlitas Haman; uno de los primeros baños turcos de la
ciudad en principio solo para ver cómo eran conocemos a
una mujer canaria que también se quedó enamorada de la
ciudad y era la 3ª vez que venía, nos explico cómo iban
los tranvías y nos invito a un fumadero de Narguile que
había en el barrio de Sultanahmet en un cementerio; la
propuesta sonaba interesante pero primero quería probar el
Haman. Finalmente Lola se atrevió y nos separamos.
El Haman o baño turco es una experiencia que no se debe
dejar pasar…el hombre turco de complexión fuerte te
masajea con dureza, a veces haciéndote daño, te da golpes,
te cruje huesos, te mete el puño entre los músculos, te
lava poniéndote las articulaciones en posturas increíbles
para finalmente dejarte en una plataforma de mármol sudar
junto a otros pobres apaleados de distintas nacionalidades
pensando que no hay una mejor sensación que esa…ver a los
prudentes japoneses reír mientras reciben una paliza turca
no tiene precio. Tras darle una propina al que me bañó (no
estoy muy seguro pero creo que es lo que cobran) me reúno
con Lola en la sala de espera tomando un Té y pensando en
la cara que va a traer por haberla metido allí…pero sale
sonriente habiéndoselo pasado igual de bien. Ella me
cuenta que el suyo es más suave.
Charlando buscamos el fumadero de Narguile que nos dijo la
canaria pero no lo encontramos (se nos olvidó que era
verdad que estaba en un cementerio y que había que
atravesarlo para llegar). Cenamos en un pequeño
restaurante junto al hotel donde acabamos fumando en
narguile, jugando a las damas como cuando era niño,
charlando y jugando con la gata del dueño que corría por
allí…Al día siguiente nos íbamos a la Capadocia en una
excursión con otras personas y nos recogimos demasiado
tarde.
Cuarto día: martes 18 de marzo
El autobús nos recoge puntualmente a las 7:00 de la
mañana, realmente se trata de un microbús en que contando
con nosotros vamos a ser 13 personas; mal número; pienso
mientras nos preparamos para viajar durante 4 días
con otras 11 personas a las que no conoces de nada y con
las que vas a convivir prácticamente todo el día…eso puede
ser muy bueno o…muy malo. La Capadocia es una región
volcánica que gracias a la fácil erosión de la toba ha
originado unos paisajes lunares increíbles. Tras una o dos
paradas para estirar las piernas y tomar té de manzana nos
empezamos a conocer. Ellos acaban de llegar a Turquía y
nosotros con nuestra “larga experiencia” de 2 días y medio
por Estambul le explicamos algunas cosas. No parece mal
grupo a pesar de su diversidad. Todos españoles. Hablaré
un poco de ellos como homenaje a ese pequeño periodo de
vida que compartimos…
Puri y Rafael (matrimonio de valencia), Sunsi y Jose Mª
(Matrimonio de Tarragona), Dani y Jenny (Pareja de
Santander), Dori y Begoña (amigas de Galicia), Mariló y
Carlos (madre e hijo de Canarias) y Conchita Carmen (una
jubilada de Barcelona). Llegamos a Ankara,
verdadera capital del país, y en todo momento tengo la
sensación de que estoy en la Rusia comunista de la guerra
fría; banderas turcas en casi todos los edificios
oficiales que prácticamente cubren por entero sus
fachadas, así como otras de Ataturk, como para que no nos
olvidemos de que fue el que unificó el país y le dio el
toque occidental que tiene; genial este Ataturk que murió
de cirrosis y con su mirada azul te persigue por todos los
callejones de Ankara. A su muerte pidió que lo enterraran
discretamente en una de las colinas de Ankara; así le
hicieron un mausoleo encima de una colina nada ostentoso
pero que impresiona por su solemnidad; líneas rectas y
tonos ocres con unas estupendas vistas a la ciudad.
Tras la visita del mausoleo vamos al Museo de las 7
civilizaciones en el encontramos restos hititas,
persas, paleocristianos…el único problema es que me
aburren un poco los museos así que con bastante prisa
salimos de él para ¡sorpresa! Se ha puesto a llover.
Ankara refleja en sus suelos mojados más banderas turcas
que antes. Sin mucho más que ver en esa ciudad, nos vamos
al Hotel que se encuentra a las afueras. Poco más contar
de un día bastante cansado y poco interesante. Espero que
la lluvia no nos siga a la Capadocia porque si no habrá
poco que ver…
Quinto día: miércoles 19 de marzo
Nuevo madrugón. Por el camino el paisaje no dice mucho.
Nos paran en 3 controles policiales en el último de los
cuales le ponen una multa al pobre conductor kurdo que
desde entonces no pasa de 100(velocidad máxima permitida)y
Lola propone pagársela entre todos, sintiéndonos un poco
mejor, Zeki, nuestro guía en la Capadocia, deja entrever
sus ideas políticas contándonos que desde que Estados
Unidos permitió(“sugirió”) a Turquía atacar a los
insurgentes del norte de Irak el gobierno no para de hacer
controles para pagar nuevas armas a EEUU ¡Gran negocio
este del armamento ¡Tras otras explicaciones sobre el
supuesto genocidio de los Armenios a manos turcas y demás
historia del país vista a través de sus ojos (y que me
recuerda eso de que la historia la escriben los que ganan)
llegamos al volcán que comenzó todo el proceso de creación
del paisaje de la capadocia; como salido de la nada se
eleva con sus más de 3000 m. orgulloso de su creación.
Llegamos al hotel en el pueblo de Urgup.
Esa tarde, bastante cansados, recorremos el valle de
alrededor llegando a las fantásticas chimeneas de
Hadas, paisaje lunar que te envuelve en su magia;
acertaron en ponerle ese nombre que evoca magia. Siento un
escalofrío al recordar como las estudiaba hace años en
geología. No sé por qué tengo la sensación de estar
cerrando un círculo. Nos llevan a una gran joyería en la
entrada de Uchisar para que compremos (cosas de la
touroperadora) y tras no encontrar nada nos acordamos del
corazón de ámbar escondido en las callejuelas del gran
bazar. Lola empieza a sentir una atracción mágica por él a
la vez que teme no encontrarlo. Esa noche asistimos en una
cueva excavada en la roca a un espectáculo de bailes
típicos del país. Bebiendo Raki y vodka con cereza
disfrutamos con la danza giratoria religiosa de los
Derviches así como con la danza de los 7 velos de una
bailarina increíble. El resto relleno divertido para los
españoles que llenan la sala. Al terminar llegamos al
hotel a dormir. Mañana nos espera un largo día recorriendo
la capadocia de arriba abajo.
Sexto día; jueves 20 de marzo
A primera hora nos dirigimos al valle de Göreme;
importante por su multitud de iglesias cavadas en la toba.
Algunas son realmente increíbles como la de Santa Bárbara,
la serpiente, la iglesia oscura o la de la sandalia con
sus cúpulas y frescos que cuentan pasajes de la biblia por
parte de los paleocristianos así como aparecen historia
romana y algunos animales extraños. Sin duda de lo mejor
del viaje. Nos hacemos la única foto de grupo.
Zeki nos dice que como nos estamos portando bien nos
llevará a un lugar que no está en el programa (rápidamente
pienso que eso se lo dirá a todos los grupos para quedar
bien); se llama el valle de los enamorados. Al llegar
descubrimos entre risas el porqué de su nombre; grandes
rocas de toba con forma fálica se elevan muchos metros de
altura. Parece que el guía no nos ha engañado; lo
recorremos los 13 a solas sin ningún turista.
Preciosas vistas y una calma que te llena.
La pareja formada por Dani y Jenny y Lola y yo nos
retrasamos intentando recorrer hasta el último recoveco de
este impresionante valle de los enamorados; llegamos tarde
lo que a partir de ahora se va a convertir en una rutina.
Una vez en el autobús nos dirigimos al pueblo de Uçhisar,
esta vez para visitarlo y no de compras. Nuevamente los
cuatro nos perdemos por este poblado troglodita
recorriéndolo de abajo a arriba, trepamos por sus
rascacielos de piedra de hasta 6 o 7 plantas; Uçhisar es
conocido por el Kale, estructura que corona la parte más
alta del pueblo y que hace que se le conozca como el
“castillo de Uchisar” nombre que le fue dado por su
característica cresta en forma de dos picos triangulares,
cercada por otros dos más pequeños que semejan torreones.
Hemos subido tanto que no llegamos a tiempo al autobús;
corremos pueblo abajo los tres ya que Dani impresionado
por el lugar sigue subiendo.
Sus serpenteantes callejuelas me recuerdan un
laberinto por el que nos perdemos un par de veces antes de
llegar al autobús; una vez allí nos encontramos ya a Dani;
mejor no saber cómo ha llegado tan rápido…
Dejamos atrás los puestos de recuerdos típicos de la zona
que como en todas las visitas en Capadocia se encuentran a
la entrada. De allí nos dirigimos al valle de Zelve; este
valle tiene un tono más rojizo que el resto de lugares de
capadocia, en él se encuentran numerosos monasterios e
iglesias que a diferencia de Gorëme no están decoradas con
frescos ya que sus habitantes estaban en contra de la
representación de imágenes. Increíblemente el grupo está
un poco cansado de caminar y piensan que es más de lo
mismo por lo que vuelven rápido al restaurante. De nuevo
los cuatro, creyéndonos Indiana Jones recorremos restos de
templos abandonados, nos metemos por agujeros que se
pierden en la oscuridad, subimos por pequeños peldaños
escavados en la roca incluso desafiando una señal de
prohibido el paso nos adentramos en unas ruinas a punto de
caerse en la que llegamos hasta una puerta de piedra
redonda que bloquea el paso a un monasterio perdido;
empujamos con todas nuestras fuerzas pero no se mueve ni
un cm; imaginando que maravillas contendrá nos volvemos al
punto de encuentro…
Tras almorzar esa tarde nos quedan dos visitas más; una a
la ciudad subterránea de Ozkonak y otra a una fábrica de
alfombras. Ozkonak es una de las muchas ciudades
subterráneas que recorren el suelo de la Capadocia;
descubierta recientemente(1972) impresiona pensar como los
antiguos paleocristianos pudieron hacer eso con sus
escasos medios; a pesar de solo vivir en ellas cuando eran
atacados; estas ciudades presentan una compleja
estructura: cada sala se encuentra a una altura distinta,
superior o inferior; para favorecer el movimiento del aire
a través de ellas, las primeras salas son los establos en
los que puedes ver los restos de huecos para amarrar los
caballos y ponerles alimento, a medidas que profundizas
encuentras más piedras redondas con las que bloqueaban las
entradas con un complejo sistema que las hacia fáciles de
abrir desde dentro pero imposible desde fuera, agujeros
que comunican con la superficie muchos metros arriba
llenan las salas de aire, hay comedores, almacenes,
cisternas para el agua en incluso cocinas donde aun se
pueden ver restos de las cal que usaban para evitar las
infecciones.
Podían vivir en ellas durante meses. La visita es un poco
claustrofóbica, te metes por pasadizos de más de 20 metro
de largo y no más de 1 metro de ancho que se retuercen
hasta llegar a otra sala más opresiva que la anterior; de
hecho Conchita Carmen tras los primeros 5´ se sale porque
no aguanta la sensación de ahogo. Ozkonak no es muy
grande, pero me comentan que otras ciudades llegan a tener
incluso 13 niveles de profundidad…fuera nuevos puestos
para turistas donde nada supera el nuestro corazón de
ámbar…pensamos que tampoco era tan mal precio aquel que
nos ofreció…
La visita a la fábrica de alfombras nos deja un regusto
amargo; tras enseñarnos como antiguamente se hacían a mano
las alfombras, el proceso de obtención de seda a partir de
los capullos de los gusanos e invitarnos a un té…nos meten
en una sala y nos intentan vender unas preciosas alfombras
a un precio imposible para un turista cuya habitación
tiene vistas a una pared…si supieran que no me quedan más
de 200 liras en el bolsillo seguro que no se tomaban
tantas molestias esos 15 tipos con trajes de chaqueta
negro en intentar vendérmelas preguntándonos que de que
parte de España somos para intentar conectar con nosotros.
Una vez fuera y todos con la misma sensación de que
nos han metido en una pequeña trampa, volvemos al hotel.
Esa noche, para relajarnos, todo el grupo vamos al
Haman del pueblo que resulta ser mixto. Tras la cena un
poco más de Narguile y té y a dormir que al día siguiente
volvemos a Estambul y hay que madrugar
Séptimo día; viernes 21 de marza
Poco que contar de este día; nos damos una paliza en
autobús ya que esta vez llegamos a Estambul sin hacer
noche. Llegamos tras dos o tres paradas por el camino y 11
horas de viaje. La antigua Bizancio y Constantinopla nos
recibe de nuevo con su magia de ciudad mezcla de oriente y
occidente y con sus miles de minaretes recortados en el
cielo. Esa noche, ya fuera del circuito, hemos quedado
para cenar algunos de los del grupo. Paseamos por el
barrio de Sultanahmet y vemos por última vez Aya Sofía y
la mezquita azul frente a frente por la noche. Vemos un
cementerio tras el cual suena algo de música…recordando
las palabras de la canaria, entramos en él para ver que
tenía razón; dentro había un fumadero de Narguile. Nos
despedimos de los compañeros de viaje dándonos nuestras
direcciones de correo electrónico y sintiendo una pequeña
punzada de envidia…a ellos aún le quedan dos días en
Estambul y nosotros nos vamos al día siguiente.
Octavo y último día: sábado 22de marzo
Tenemos hasta las 14:15, por eso nos levantamos temprano
para aprovechar el ultimo día en Estambul aunque ya hemos
decidido que vamos a volver…Estambul nos ha enamorado y
Lola y yo nos empezamos a sentir como esas mujeres que
hemos conocido por el viaje enamorados de la ciudad… Hay
poco tiempo así que todo es muy rápido; En la parada de
Eminonu cogemos un autobús que nos lleva hasta el barrio
de Eyup donde se encuentra una mezquita a la que se llega
a través de una plaza con una fuente que siempre está
llena de palomas.
Esta mezquita (camii como le llaman ellos) es muy sagrada
para los musulmanes ya que en ella está enterrado el
abanderado de Mahoma; Halit bin Zeyt; numerosos musulmanes
con sus cámaras se hacen fotos recordándome a lo que hacen
los católicos en el vaticano…no son tan distintos
pienso…el guarda de la entrada nos ve cara de interesados
y nos da unos libros sobre la vida Halit. Dejamos atrás la
hermosa y tranquila mezquita y en teleférico subimos al
café de Pier Lotti desde el que tomándonos un té tenemos
unas increíbles vistas de Estambul y el cuerno de Oro. De
vuelta a la parte antigua de Estambul son la 11:20
corremos al gran bazar en busca del puesto donde se
encuentra nuestro corazón de ámbar, medio perdidos con las
prisas entramos al bazar por una de las entradas laterales
y directamente nos topamos con el puesto como si nos
estuviera esperando…¡allí está! Con su brillo anaranjado.
Le volvemos a preguntar el precio y nos dice un precio más
elevado que la primera vez, volvemos a regatear pero la
falta de tiempo y la impaciencia hace que no consigamos un
precio mejor…en el último momento le digo que ya habíamos
estado allí y que nos había dicho que nos lo dejaba por un
precio más barato, increíblemente me dice que si me había
dado su palabra lo respetaba, y conseguimos el corazón de
ámbar por el precio original con una cadena de plata…Lola
no puede evitar mostrar su alegría y da unas palmadas, el
vendedor nos sonríe supongo que pensando que hubiera
podido conseguir un mejor precio por él.
En ese momento casi podemos dar por terminado el viaje a
Turquía pero recuerdo algo; aun queda un pequeño trozo de
las murallas del hipódromo en pie que prácticamente nadie
conoce porque quedan más abajo de la actual plaza y
además encima construyeron una universidad. A toda prisa
llegamos y ahí están, las murallas del antiguo hipódromo
como si fueran una pared más de Estambul sin que nadie les
eche cuenta, incluso algunos bares almacenan sillas en sus
arcos. Con una sensación de tristeza imagino cómo tras
ellas Constantino disfrutaba viendo las carreras junto a
un pueblo que tenía sus horas contadas…al igual que
nuestro viaje.
El resto; lo de siempre, la sordina de aeropuertos,
esperas, prisas, comida mala y cara, horas de espera y
vuelta a la realidad…pero eso sí…Lola sonríe distraída con
un trocito de Estambul pendiente de su cuello…
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