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Mesopotamia en
bicicleta: de Teherán a Damasco
Viaje
realizado por Montse Giravent y
Francesc Sabater
Itinerario
cerca de 3.000 km recorridos por
carreteras asfaltadas en buen estado repartidos en 39 etapas (un
promedio de unos 75 km diarios) a lo largo de 4 países: Irán,
Turquía, Líbano y Siria.
Los principales desniveles se
registran en los montes Alborz (Irán), en las inmediaciones del
monte Nemrut Dagi (Turquía) y en la cordillera del Líbano. Para
atravesar las diferentes fronteras es obligatorio salir de
España proveídos con los visados de Irán y Siria, pudiéndose
obtener en la misma frontera los visados de Turquía y del
Líbano.
Transporte
Nos desplazamos a Irán volando con
la compañía Turkish Airlines (785 Euros) vía Estambul,
debiendo abonar en el aeropuerto la correspondiente tasa de
transporte de bicicletas (20 US$ por cada trayecto y bicicleta).
Obviamente hay que respetar las condiciones de embarque de las
bicicletas: asiento bajado, manillar doblado a un costado, sin
pedales y ruedas desinfladas. Para más seguridad las embalamos
en una caja de cartón cubiertas con papel de burbuja.
Salud
Las precauciones sanitarias son las
que dicta el sentido común: evitar beber agua no embotellada así
como consumir alimentos crudos. No hay que olvidar que existe
una alta prevalencia de enfermedades transmitidas por los
animales: hidatidosis, brucelosis, parásitos intestinales, etc…
Asimismo no está de más vacunarse contra la rabia, la hepatitis
A y B y el tétanos. Hay que tener en cuenta la presencia a lo
largo de todo el trayecto de mosquitos por lo que es aconsejable
contar con un buen repelente (los alojamientos no disponen de
mosquiteras). Ante eventuales ataques de perros la mejor táctica
consiste en detener de inmediato el pedaleo y permanecer
inmóviles esperando que se calmen ya que de nada sirven las
piedras, los ultrasonidos, los palos o los chorros de agua si no
es para excitarlos aún más.
Clima
El clima es extremadamente caluroso
incluso en octubre, un calor que persiste durante toda la
jornada resultando agobiante entre las 11h y las 15h,
especialmente en la zona del mar Caspio. Es imprescindible
llevar un mínimo de 2 litros de agua por persona y no descuidar
una buena gorra, crema de protección solar y crema hidratante:
las altas temperaturas causan fácilmente quemaduras en los
brazos y en el cogote.
Alojamiento
A lo largo de la ruta hemos
encontrado numerosos hoteles y pensiones donde alojarnos de
forma que tan sólo en dos ocasiones montamos la tienda de
campaña. No existen instalaciones de camping aunque en Irán se
permite acampar en los márgenes de las carreteras. Además es
frecuente recibir invitaciones para pernoctar en casas
particulares. Los puntos de aprovisionamiento son frecuentes,
tanto en los núcleos habitados como en la carretera:
gasolineras, hoteles, tiendas…
Economía
Aunque cada país cuenta con su
propia moneda no tuvimos ningún problema para cambiar euros en
metálico, que son aceptados con naturalidad en el mercado negro
y en las casas de cambio. Las constantes fluctuaciones del
mercado aconsejan cambiar pequeñas cantidades cada vez aunque
hay que tener presente que en las áreas rurales pueden haber
limitaciones. El nivel de precios es asequible para el viajero
occidental, resultando más barato viajar por Irán y Siria que
por Turquía y el Líbano.
Equipo
Nuestras bicicletas de montaña han
sido equipadas con alforjas traseras y una pequeña bolsa en el
manillar. Cada alforja pesa 8 Kg, mientras que el peso global
incluyendo la bicicleta es de 35 Kg. No es imprescindible llevar
tienda aunque si recomendable. Se deben transportar las
herramientas y recambios necesarios para el viaje aunque los
numerosos talleres presentes a lo largo de la ruta nos pueden
resolver las averías más comunes y cuentan con los suministros
más básicos.
ADVERTENCIA:
Un inconveniente añadido, especialmente para las viajeras, es la
obligación de tener que cubrir permanentemente la cabeza, los
brazos y las piernas en Irán, no así en el resto de países. Como
compensación la población se muestra extremadamente hospitalaria
y amable con el turista y aprecia la visita en bicicleta.
DIARIO DE VIAJE
IRAN
De madrugada el comandante del vuelo
Estambul-Teherán anuncia el próximo aterrizaje de la aeronave en
la capital iraní. Como si alguien hubiera accionado un resorte
invisible las pasajeras se apresuran a colocarse el
reglamentario pañuelo sobre sus cabezas a la vez que se dirigen
al lavabo para ofrecer un aspecto más presentable a los ojos de
la República Islámica de Irán. Mientras observo las evoluciones
del pasaje elevo una plegaria suplicando que las bicicletas no
hayan sufrido desperfectos durante el viaje.
Ya en tierra y tras pasar el control
de pasaportes recuperamos nuestro equipaje. Bajo la mirada
curiosa de unos funcionarios procedemos a desembalar las cajas,
comprobando con gran alivio que mi súplica ha sido atendida: no
hay desperfectos de consideración, simplemente mi
cuentakilómetros no funciona y el pedal de Montse está
ligeramente abollado, más un par de arañazos sin importancia. De
esta manera, muertos de sueño pero enormemente ilusionados
iniciamos nuestro periplo siguiendo la autovía que une el
aeropuerto con la vecina población de Karaj, ciudad
dormitorio situada a 42 km al oeste de Teherán.
Desde Karaj y bajo un sol agobiante
nos disponemos a cruzar los montes Alborz, barrera
natural que delimita el paisaje tropical propio de las
poblaciones costeras próximas al mar Caspio con la aridez
extrema que se observa al sur de la capital. Tomamos una
carretera de montaña jalonada por multitud de túneles y sujeta a
numerosos desprendimientos que asciende inicialmente de manera
cruel y despiadada hasta alcanzar su punto culminante a unos
3.000 m. sobre el nivel del mar, prosiguiendo con un vertiginoso
descenso que nos obliga a extremar las precauciones, siempre
bajo la atenta mirada del volcán Damavand que con sus
5.671 m. se erige en la máxima elevación del país.
El trayecto ofrece generosas vistas
y ocasiones para poner a prueba nuestra resistencia física y
psíquica ya que debemos sortear varios túneles sin iluminación
diseminados a lo largo de la ruta. En estos casos debemos
pertrecharnos de toda clase de dispositivos reflectantes para
anunciar nuestra presencia, convencer a algún policía ocasional
para que nos permita el paso, respirar a fondo para obtener el
máximo de oxígeno que compense la falta de ventilación y cruzar
los dedos esperando que la distancia a recorrer sea corta.
Las poblaciones dispersas a lo largo
de la carretera que transcurre paralela al mar Caspio son
eminentemente turísticas, acogiendo en su mayoría turismo
interior. Aquí, si cabe, el calor resulta aún más asfixiante,
los desniveles son inexistentes y la carretera puede llegar a
resultar algo monótona.
Al término de la quinta etapa,
cuando nos hallamos en la población de Talesh buscando
alojamiento ocurre el primer percance de una cierta importancia:
rotura del portaequipajes al bajar un bordillo con la bicicleta
cargada. Debido a la dificultad que entraña soldar una
estructura de aluminio (el aluminio no suelda bien con el acero)
nos mostramos pesimistas respecto a la resolución del problema.
Unos mecánicos que han observado la escena nos animan a extraer
el portaequipajes y dejarles intentar la soldadura ya que
cuentan con el material adecuado. No sólo nos resuelven el
problema sino que además se niegan a cobrarnos la reparación,
aceptando sólo como pago después de mucho insistir el envío de
una foto que nos acabamos de hacer. Esta anécdota es sólo un
ejemplo del nivel de hospitalidad y entrega del pueblo iraní,
una constante a lo largo del recorrido. Aún así no falta quien
nos dirija algún que otro reproche antioccidental especialmente
dedicado a Montse, debido a la manera como va vestida, a pesar
de que en todo momento lleva la cabeza cubierta y evita
permanentemente mostrar los brazos en público.
Llegando a Astara, ciudad
fronteriza con la joven república de Azerbaiján, nos despedimos
de la costa después de haberla recorrido durante unos 360 km y
nos disponemos a afrontar de nuevo severos desniveles y
dolorosas rampas por la región de Ardabil. Durante el
ascenso de la etapa reina de este viaje numerosos vehículos nos
animan con sus estridentes cláxones y gritos de ánimo e incluso
nos ofrecen algún que otro trozo de sandía que se agradece con
una sincera sonrisa. Afortunadamente no faltan tenderetes dónde
reponer fuerzas esparcidos a lo largo de la carretera: raciones
de pastas con miel y té. Cuando finalmente coronamos el puerto
(1.450 m.) se dibuja ante nuestros ojos un sorprendente
altiplano de origen volcánico que acoge a una reducida población
nómada dispersa por los campos adyacentes a los principales
núcleos habitados y que se agrupa en yurtas cónicas cubiertas de
pieles, dedicándose a la agricultura y al pastoreo.
A continuación llegamos a Tabriz,
antigua capital persa, actualmente relegada a segunda ciudad del
país y que alberga uno de los bazares más sorprendentes del
mundo, sólo superado en tamaño por el de Damasco. Tabriz cuenta
con un carácter más abierto y cosmopolita que Teherán, las
jóvenes pueden pasear en tejanos y comportarse de una manera más
informal e incluso es posible ver a alguna pareja cogida de la
mano.
Finalmente nos disponemos a afrontar
la última fase del viaje por el norte de Irán recorriendo los
150 km que nos separan de la frontera con Turquía. Nos hallamos
en el Kurdistán iraní. A las entradas de los pueblos
hordas de niños rapados
y con mocos colgando salen a nuestro encuentro no siempre con
la mejor de las intenciones. Como sucede en otros países,
siempre hay quien practica puntería lanzándonos piedras, lo que
nos permite descubrir una segunda utilidad al casco.
En la carretera nos avanzan
numerosos camiones transportando combustible en enormes
cisternas. Los Lokantasi o restaurantes turcos se suceden
a lo largo y ancho del camino, ofreciendo los inevitables
almuerzos a base de queso fresco con miel, olivas y pan árabe
oportunamente anunciados en lengua turca, practicada por la
mayoría de la población. La presencia de iglesias armenias tan
impresionantes e injustamente olvidadas como Jolfa o
Qareh Kalisa obligan a efectuar un alto en el camino.
Cuando menos me lo espero surge tras
una curva René, un canadiense de 53 años que está dando la
vuelta al mundo…en bicicleta. Una vez recorridos el continente
americano y África se dispone a cruzar Asia arrastrando una
carga de 80 Kg. Con su sombrilla y sus alforjas delanteras y
traseras, aprovecha hasta el último centímetro de su bicicleta
para cargar todo lo que estima necesario. En su haber cuenta con
3 años de viaje y miles de anécdotas. Converso con él unos
minutos y cuando me despido mi autoestima se encuentra por los
suelos…¡¡Y yo que creía estar realizando una proeza!!
La etapa final en tierras iraníes
discurre entre Maku y la frontera turca. Dejamos atrás
1.180 km recorridos con el convencimiento de que difícilmente
hallaremos un país más hospitalario y acogedor que Irán.
TURQUIA
Turquía representa un alivio en la
manera de vestir: Montse ya no está obligada a cubrirse con el
pañuelo y las mallas de ciclista son toleradas por la población,
aunque no pasan desapercibidas. Destaca una fuerte presencia
militar rodeando todos y cada uno de los emplazamientos kurdos
que en esta zona del país son mayoritarios lo que se traduce en
frecuentes controles a pie de carretera. Se suceden las
maniobras militares y las tanquetas en la calle aunque ello no
representa ningún problema para el turista occidental.
continua
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